6.9.16

© Ismael León Almeida
H
ace unos años, cuando todavía el infeliz siglo XX no había acabado, el panadero de un pueblo del interior nos pidió que le lleváramos tres anzuelos grandes y fuertes. El día que cumplimos el encargo, entregándole tres mustads 7/0, afilados y confiables como suelen ser, dijo que eran los perfectos para hacerse un grampín. ¿Qué pez tan grande pensaba el buen amigo Vicente que picaría en aquella herramienta desmesurada?
― No es para que pique, Ismael, Es para engancharlos.
― ¿Cuál pescado?
― Sábalos. Sábalos del río Carraguao. Ellos suben el cauce y desde las ramas de los mangles que se inclinan sobre el agua uno puede verlos, confiados, rolando en la superficie. Con un cordel de cien libras, que ya tengo, voy a tirarles el grampín, engancharlos y halarlos con el caballo antes de que se enreden en las raíces del mangle. Todo está en coger uno.
― Es ingenioso, en verdad.
Hay tres cosas que uno habrá leído acerca del sábalo: que las costumbres de este pez son un enigma para el hombre, que en su pesca el único factor que existe es la suerte, y que si le aguantas tres saltos a un sábalo, ya es tuyo. Un catálogo de incertidumbre bastante nutrido, si me permiten opinar, para un pez que no parece priorizar en su perfil la costumbre de ocultarse demasiado. El sábalo, clasificado por Achille Valenciennes en 1847, recibe el nombre científico de Megalops atlanticus. Prácticamente cada uno de sus detalles es digno de admiración. Su misteriosa aparición en la superficie del agua pone en alerta al pescador, que no puede evitar un escalofrío si logra verle nadar, poderoso, bajo el cristal verdoso del agua de los ríos, o en ciertos tramos de mar abierto. Cuando se levanta fuera del agua, en uno de los colosales saltos que categorizan su máximo valor como especie deportiva, su imagen masiva y sorprendente agilidad son resaltadas por el lujoso brillo de grandes escamas plateadas que le cubren por completo.
Su cuerpo alargado y comprimido puede alcanzar dos metros y medio en total y se conoce un peso máximo ascendente a 161 kilogramos. Ejemplares de más de 100 libras son todavía accesibles en las pesquerías deportivas en Cuba. Completan el perfil del pez una aleta caudal grande y profundamente bifurcada y una dorsal con un largo filamento, ubicada hacia la parte posterior del cuerpo. La boca es grande, oblicua y se abre hacia arriba, por lo que podría creérsele un frecuente comedor en superficie, pero además de peces de diversas especies (sardinas, anchoas, lisas, robalos, cíclidos en agua dulce), su dieta carnívora incluye moluscos bivalvos, camarones, cangrejos y gusanos tomados del fondo (Claro, Rodolfo y D. Ross Robertson: Los peces de Cuba. Instituto de Oceanología, La Habana, 2010. Edición multimedia). 
Habita aguas someras, lo mismo salobres que dulces (salinidades de 0 a 45 ppm), sobre fondos fangosos y arenosos. Su área de distribución abarca ambas bandas del océano Atlántico, y la costa oriental del Pacífico. Habita todo el Golfo de México y el mar Caribe, y en las aguas cubanas llega hasta los  arrecifes coralinos, cerca del borde de la plataforma. El rango de temperatura del agua llega hasta los 40º C, pero señalan los estudios que por debajo de 12º C suelen ser letales para la especie.
Posee el sábalo elevada fecundidad, con una freza estimada en 12 millones de huevos para una hembra de más de dos metros de longitud total. La madurez sexual es alcanzada cuando pasa de 80 centímetros de largo, es ovovivíparo y se reproduce en aguas temporalmente aisladas del mar abierto, en algunos lugares todo el año. Sus larvas suelen encontrarse en aguas estuarinas.

Finalizando la década del 1930, la pesca del sábalo en aguas cubanas fue convertida en un producto turístico por el guía Emilio de Mesa, quién además estuvo a cargo de la sección “Yates y Pesca” de la revista Carteles, primer espacio informativo sobre este deporte en el país, concibió la formación de un Club Internacional de Pescadores en la cayería de las Doce Leguas, fue comisionado de Pesca de la Dirección General Nacional de Deportes y directivo del Buró Turístico de Pesca, con oficinas en el Hotel Presidente de La Habana. Pescadores norteamericanos e incluso nacionales iban con este experimentado pescador a experimentar las emociones de cobrar un sábalo. Sus cotos no eran de difícil elección: el sábalo merodeaba los barcos de pesca en el canal de acceso a la bahía de La Habana y en el puerto de Batabanó, y en cualquiera de estos dos lugares los deportistas lograron buenos peces, algunos de más de 100 libras.
Una de las aspiraciones de Emilio de Mesa era la organización de un torneo internacional en la pesca del sábalo. Aprovechando que la especie se presentaba también en la bahía de Santiago de Cuba, Acordó con el Club de Pesca Amateur de esa ciudad la convocatoria de un certamen local.  A comienzos de 1941, Mesa había guiado en Batabanó al Dr. Rodolfo O. Mestre presidente del club santiaguero. Partieron a las cinco de la madrugada desde La Habana hacia la costa sur y se reunieron en el hotel Dos Hermanos, una joya arquitectónica de Batabanó, con dos  “competentes y atentos” empleados de Emilio de Mesa, nombrados Pancho Arteaga y Miguel. Además del guía y sus asistentes, de la partida de pesca formaban parte un total de cuatro pescadores nóveles, sin tratos previos con los avíos de vara y carrete.
Luego de un corto trayecto en bote a la luz del amanecer, abordaron un balandro fondeado a trescientos metros de la costa, cuya tripulación estaba en ese instante “matando el pescado”.  Es decir, estaban trasvasando la captura, o “marea”, de los viveros de la embarcación a una chalana, para conducirla a tierra y envasarla en cajas en el muelle. Algunos peces se escapaban y otros eran desechados por los pescadores, ya muertos, por carecer de valor comercial. Los sábalos acudían a rodear la embarcación donde se faenaba y devoraban cuanto pez caía al agua. La situación fue aprovechada por los deportistas para comenzar su pesquería. Cebaron los anzuelos y lanzaron con las varas, manteniendo la carnada en la superficie. Rápidamente llegó la primera picada, el sábalo engulló el cebo, desapareció con él y de inmediato saltó, abandonándolo, tras sentir la resistencia de la pita y la hincada del anzuelo. Finalmente, a las tres de la tarde embarcó su primer ejemplar, que conquistaría su afición de tal modo, que dos años más tarde, nuevamente con Emilio de Mesa, captura un ejemplar de 110 libras en plena bahía de La Habana.
La idea de organizar competencias de pesca motivaba a los aficionados cubanos. Cuando Ernest Hemingway comienza a frecuentar La Habana en 1932 ya había pescadores aficionados en la ciudad y algunos de ellos se desempeñaban como guías en la pesca de agujas. Apenas Federico Lindner crea la sección “Yates y Pesca”, pone en marcha los concursos de la pesca del peto y de la aguja, con el apoyo de importantes patrocinadores que se encargaban de los premios a cambio de la publicidad que recibían. Un primer torneo de pesca de agujas fue organizado en 1938 por el Santa Cruz Yacht Club, una asociación modesta y entusiasta del puerto de ese nombre al este de La Habana. En el verano de 1939 celebran en Cienfuegos un concurso de pesca y el competidor Serafín San Martín gana la Copa RCA Víctor son un sábalo de 96 libras (Carteles, Vol. XXXIV, No. 43, 22 de octubre de 1939). Luego, en abril de 1941, ya a cargo de la sección “Yates y Pesca”, Emilio de Mesa publica la carta de un lector que le sugiere crear una competencia para el sábalo en las aguas meridionales de la provincia de La Habana, ofreciendo un trofeo y facilidades para el atraque de embarcaciones en la finca de un amigo (Carta del lector Francisco Carrasco, de La Habana. Carteles, año 22, no. 17, 27 de abril de 1941).
Es probable que la iniciativa del lector no se ejecutara en aquel momento, pero Emilio de Mesa logra convencer a la Dirección General Nacional de Deportes de celebrar un concurso local de pesca de sábalos en Santiago de Cuba, con el apoyo de Mestre y su club, y  en la edición de Carteles del 19 de octubre de 1941 llega al público la  convocatoria al concurso, dirigida “a los aficionados al deporte de la pesca con vara y carrete”. Para tratarse de una experiencia inaugural, las bases establecidas para competir verdaderamente marcan un momento preciso de giro en favor de la moderna deportividad en la pesca recreativa cubana. El equipo de pesca reglamentario se basa en avíos de vara y carrete, limitado el calibre de línea a hasta18 hilos (unas 45 libras de resistencia a la tracción) y la alambrada o calasimbre y la doble línea se limitarían, respectivamente, a 15 pies de largo.
Hay una similitud notoria de estas bases con las reglas que por la misma época comenzó a promulgar la International Game Fish Association, IGFA, en la cual estaba Cuba representada.  El pescador debía cobrar el pez sin ayuda ajena, nadie salvo el pescador podía tocar la línea, y sería descalificado el pez mutilado, arponeado o herido durante el acto de la pesca, o en caso de que la vara fuera rota en su transcurso. A pesar de ser una época muy temprana en la utilización de avíos deportivos de vara y carrete para la pesca en el país, los entusiastas santiagueros respondieron a la invitación del club y de la revista y el 13 de septiembre de 1942 se hicieron públicos los resultados de la competencia. Un total de 19 capturas de sábalo fueron inscritas y los premios fueron conquistados por René P. Guitart, medalla de oro; M. A. Miyares, medalla de plata, ambos del Club Amateurs de Pesca, y Luis C. Greco, medalla de bronce, del Club Náutico de Santiago de Cuba
“Una de las pesquerías más emocionantes es, sin discusión alguna, la del Sábalo, por la pelea que presenta este peje, cuando se siente clavado por el anzuelo, lo que aparece, ante nuestra vista, cual la explosión de una mina submarina...” (Armando J. Sardina: “La pesca del sábalo”. Mar y Pesca, La Habana, enero 1957, página 32). Las diversas formas de pescar el sábalo durante la primera mitad del siglo XX, enumeradas por Federico Lindner, incluían el curricán a vara y carrete, empleando lo mismo carnada que cucharas o “tarporenos”. Desde la orilla se usaba lanzar “tarugos”, también con vara y carrete ―hoy decimos “espinear”, o “rapalear”, como los españoles―. Este experto manifestaba en 1938 que la forma más económica de lidiar con este pez era embarcarse en cualquier bahía en un bote de remos y, con el avío deportivo ya mencionado, usar mojarras vivas para hacerlos picar. Unas dos décadas más tarde, ya establecida la elección del spinning como avío, es preponderante la preferencia del aficionado por la carnada, señalando la liseta como la más codiciada por el sábalo, además de sardinas, chicharros y otras (Armando J. Sardina: “La pesca del sábalo”. Mar y Pesca, La Habana, enero 1957, página 32). Lindner aseguraba: “La sensación de matar un sábalo en esta forma sobrepasa todas las experimentadas en la pesca de cualquier otra especie” (Carteles, Vol. XXXI, No. 29, 17 de Julio de 1938. Sección “Yates y Pesca”, Federico Lindner, página 78).   
A finales de 1941, Emilio de Mesa creyó en promesas de la Dirección de Deportes, encabezada por el coronel Jaime Mariné, y publicó en la sección de pesca deportiva de la revista las bases para la organización de un torneo internacional de pesca del sábalo que tendría sesiones compartidas en la bahía de La Habana y en el puerto de Batabanó. Nuevamente son reglamentarios los avíos de vara y carrete, pero esta vez las líneas resultan más finas: de solo 12 hebras para la bahía capitalina, donde se esperaban mayores ejemplares, y de solo 9 hilos en el puerto sureño. Este proyecto finalmente sería olvidado, pero el persistente promotor de la pesca recreativa no olvidaría referirse a la importancia de organizar este tipo de certámenes para atraer al país a turistas aficionados a este deporte. Cuando se recibieron noticias de la celebración del III Torneo Internacional de la Pesca del Sábalo en la ciudad mexicana de Tampico, Emilio de Mesa escribió que los certámenes cubanos estaban en condiciones de competir con el evento organizado por el Club de Regatas Corona y, dado que la Isla contaba con el mismo tipo de pesca, “no debiéramos desperdiciar esta enseñanza y dedicar nuestros mejores esfuerzos para que en Cuba también se celebren competencias de la importancia de estas que se efectúan en Tampico” (Emilio de Mesa: “Competencias de la pesca del sábalo en México”. Sección “Yates y Pesca”, Carteles, año 25, no. 33, 13 de agosto de 1944).
A pesar de sus llamados para lograr una representación cubana al certamen mexicano, el siguiente certamen del río Pánuco pasaría sin que se concretara la asistencia. Lo más significativo es que numerosos cubanos de recursos participaban en los más relevantes certámenes de pesca mayor de la época, como el Cat Cay Tuna Tournament, ganado en 1939 por Julio Sánchez, con un tercer lugar obtenido por su primo Thorwald Sánchea, ambos cubanos, mientras se conoce que al menos en tres ocasiones equipos de Cuba conquistaron la Copa Sharp en el importante torneo internacional del atún en Wedgeport, Nueva Escocia, Canadá. La única participación registrada en la cita mexicana del sábalo corresponde a la señora Hortensia D. de Martí, esposa del cónsul cubano en Tampico, que el 18 de agosto de 1945 logra el título para damas del relevante certamen mexicano, con un pez de 143 libras de peso (Carteles, año 30, no. 13, 27 de marzo de 1949). 
Aunque por mucho tiempo no volvió a intentarse una competencia para pescar esta especie en el país, los records nacionales de esta modalidad recreativa, registrados entre 1976 y 1990 por el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), ponen a la vista el notable interés de los aficionados por esta especie hermosa y dinámica, la cual sería buscada lo mismo con muy ligeros equipos de spinning, que con cordel a mano o curricaneando mediante pesadas líneas en aguas abiertas. La revisión de las antiguas agendas de records permite descubrir un total de 14 registros dedicados a esta especie.

RÉCORDS CUBANOS DEL SÁBALO (Megalops atlanticos) 1976-1990
Fecha
Pescador
Peso
Avío
8.05.1983
Ovidio Crespo Lantigua, PR
103,0 lb
A mano
8.09.1984
Eduardo de la Hoz, SC
12 lb 10 oz
Spinning
¿?
Carlos Jaen Santiago, SC
21,0 lb
Spinning
11.08.1974
Juan de Mata Armas, VC
41,2
Spinning
1988
Sergio Oropesa A., LH
16,0
Spinning
27.05.1981
Pedro Luis  Palacios Muñoz, PR
70,0
A mano
30.03.1985
Pastor Pichardo, CM
70,0
Trolling
14.05.1987
Abelardo Prieto Varona, CM
146,8
A mano
7.06.1988
Gilberto Pupo G., IJ
41,3
¿?
25.04.1982
Medardo Rodríguez, CM
48,4
Trolling
2.09.1987
Estela Rosabal Benitez, CM
50,0
A mano
19.08.1980
Mirtha Santana, CM
2,0
A mano
25.04.1985
Mirtha Santana, CM
21,0
A mano
12.1986
Joe Bob Wells, EE.UU.
76,0
Trolling
Las siglas indican lugar de origen de los pescadores, no necesariamente coincidentes con el sitio de pesca, salvo en el caso del norteamericano (EE.UU.), a quien se concede récord debido a que el pez fue pescado en Cuba. PR: Pinar del Río; SC: Santiago de Cuba; VC: Villa Clara; CM: Camagüey; IJ: Isla de la Juventud. LH: La Habana; en la fecha del reporte, se trataba del territorio que hoy ocupan las provincias de Mayabeque y Artemisa, pues la hoy así vuelta a llamar era entonces Ciudad de La Habana.
Probablemente la pesca del sábalo sea ahora mismo la más difundida en la oferta del turismo cubano. Mientras la pesca de agujas muestra todavía cierta consistencia en los escenarios de siempre a la altura del noroccidente cubano, y la pesca de la trucha no es la sombra de lo que fue entre finales de los pasados años setenta y ochenta, las pesquerías turísticas en las marismas someras (inshore fishing), se han ido convirtiendo paulatinamente en una novedad que recibe aprecio internacional, y el sábalo, asociado con el macabí, el robalo y la palometa, deslumbra a unos cuantos aficionados, que vienen a Cuba en busca de sus primeras experiencias con esta sorprendente máquina de  saltos. Una evaluación estadística de las pesquerías recreativas en Jardines de la Reina, realizada por el Centro de Investigaciones de Ecosistemas Costeros y el Centro de Investigaciones Marinas (Figueredo Martín, Tamara et al.: “Pesca recreativa en Jardines de la Reina, Cuba: Caracterización y percepción sobre el estado de conservación del área”. http://www.cim.uh.cu/rim/pdf/2010/2/Figueredo%20et%20al.pdf), de la Universidad de La Habana,  estableció que el sábalo era la especie preferida del importante destino turístico cubano, con el 79 % de elección por los clientes. La captura por unidad de esfuerzo para la especie, en el período 2003-2007, ofreció una media de 5.56 ejemplares por embarcación y día de pesca en el área.
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