13.6.12

EL JOROBADO Pescando con un amigo el tramo estuarino del río Gómez –o Santa Ana- en mayo de 2012, una llovizna nos hizo refugiarnos más de una hora bajo el puente de la vieja carretera Panamericana, que limita un segmento del cauce donde se prohíbe pescar, y por matar el tiempo seguimos lanzando con carnada y línea a fondo junto a cimientos de la obra vial. Con un extremo vaciante de marea, poca actividad había, pero al cabo sacamos dos pequeños ejemplares de jorobado, cuya clasificación buscamos enseguida en los tratados de ictiología por el nombre científico que recordábamos, Selene vomer, especie familia de los jureles (o sea, los Carángidos) que no aparece con frecuencia en las pesquerías. En los viejos registros de récords hay un único reporte de captura con línea a mano, de 1,0 libra de peso, acreditado a Rogelio Nápoles, de la provincia de Camaguey. En lo que pudo ser una revisión del criterio de selección de los récords de pesca deportiva en el país, que conllevo la eliminación de alrededor de 80 especies del registro, el jorobado no aparece ya en la edición de 1986. Juan Vilaró, aplicado continuador de don Felipe Poey en los estudios ictiológicos en La Habana a finales del siglo XIX, se refiere a tres especies de jorobado en Cuba, de las cuales la mayor no llega a un pie de largo: “Todos son plateados y de cuerpo más comprimido; el perfil cae súbitamente desde la frente”. Localmente se les consideraba sin importancia comestible, señala el experto, aunque probablemente se refiriera a su interés comercial, pues le atribuye buena calidad de carne y la captura anual en la bahía de Mariel alcanzaba 1 160 kilogramos en 1891. En Santiago de Cuba abundaba todo el año. En la Ictiología cubana de Poey (Volumen I, páginas 378-384) hay en efecto tres jorobados, cada uno en su correspondiente género: Selene argentea, Argyreiosus vomer y Vomer septipinnis. Hay entre ellas una visible diferencia respecto a la longitud de sus aletas dorsal y anal, según se observa en el Atlas (Volumen III de la obra, láminas 256 a la 258), mientras el perfil de la cabeza apunta a otra disparidad decisiva. Con Darío Guitart (Sinopsis de los peces marinos de Cuba, Tomo III), logramos evadir un error. El jorobado, cuyo nombre científico actual aparece como Selene vomer, posee largos radios en la dorsal blanda y la aleta anal, y un conocido perfil decididamente recto “desde el extremo del hocico a la nuca”. Por fortuna, hojeamos algo más adelante, dudando de que las especies hubieran podido quedar como una sola, hasta hallar el Vomer setapinnis, cuya ilustración sí guarda bastante correspondencia con el pez que cobramos, aunque el de nuestra fotografía posee un perfil frontal decididamente más vertical. El Dr. Guitart lo registra con un nombre común que hasta ahora no habíamos escuchado:pez luna.